Sigue ignorándolo y te sorprenderá antes de lo esperado

Hablar del retiro siempre es un tema, hasta cierto punto, incómodo. Es el “elefante rosa en la habitación”: todos sabemos que está ahí, pero nadie quiere prestarle atención. Para algunos parece un asunto lejano; para otros, genera incertidumbre; y para algunos más, provoca ansiedad porque no saben qué pasará cuando llegue el momento de retirarse o si realmente podrán hacerlo.
 Es una etapa que, tarde o temprano, a todos nos llegará, y qué mejor que estar preparados para vivirla al máximo.

Primero, un poco de historia. Las “pensiones de antes”, también conocidas como sistema de reparto, ya no existen. En ese modelo, los trabajadores en activo y el gobierno pagaban las pensiones de quienes ya se retiraban porque había llegado su momento de descanso. El gobierno se dio cuenta de que, si se continuaba con ese sistema, llegaría un punto en que sería insostenible (más o menos como ahora, pero más complicado). Esto ocurrió porque la pirámide poblacional se invirtió: empezó a haber más personas en edad de jubilación que jóvenes trabajando. La solución fue dejar atrás el sistema de reparto y pasar a un sistema individualizado: las AFORES.

Este cambio ocurrió a partir de julio de 1997 para quienes cotizan en el IMSS y desde 2007 para los trabajadores del Estado afiliados al ISSSTE. Desde entonces, tanto el trabajador como el patrón —y en una pequeña parte el Estado— hacen aportaciones, en diferentes proporciones, a una cuenta individual: la AFORE. El dinero que entra ahí trabaja durante toda la vida laboral, hasta que llegue la edad de retiro, que en México es a los 65 años. Lo interesante es que, al llegar ese momento, cada persona podrá disponer de lo que haya ahorrado.

El retiro no se trata solo de dejar de trabajar; es un cambio de vida en el que el tiempo se convierte en nuestro mejor aliado. Es la oportunidad de disfrutar más a la familia, viajar y dedicarse a aquello que siempre quisimos hacer, pero que, por falta de tiempo, nunca concretamos.

Durante los años productivos, dedicamos nuestra vida a trabajar, generar ingresos y cubrir necesidades: la casa, los hijos, los estudios, algún gusto. Pocas veces nos detenemos a pensar qué sucederá dentro de 20 o 30 años. Claro, ¿quién se va a preocupar por el futuro si ni siquiera sabemos si llegaremos allá? Pero la pregunta es: ¿qué pasará si sí llegamos?

Quienes trabajan para un patrón y tienen una AFORE recibirán lo que hayan ahorrado durante toda su vida laboral. Pero, ¿qué ocurre con quienes no tienen AFORE? ¿Tendrán que trabajar durante toda su vida? La respuesta es NO. Afortunadamente, hoy en día existen diferentes opciones que se pueden aprovechar para crear una estrategia de cara al futuro, inclusive, se pueden o deben usar como complemento a la AFORE. ¿Sabías que si tienes AFORE te vas a retirar con el 30% de tu último sueldo trabajado? Si con el 100% de nuestro sueldo muchas veces apenas y nos da para vivir la vida…

Pensemos en el retiro como un viaje. Cuando se planean unas vacaciones, pensamos a dónde queremos ir, en cuanto nos saldrá, reservamos y hasta pagamos algunas amenidades por anticipado para no llevarnos sorpresas. Con el retiro pasa lo mismo: si lo dejamos al azar, nos puede sorprender  sin recursos suficientes.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿cómo queremos vivir esa etapa de la vida?. Apuesto lo que sea que todos queremos llegar con salud, libertad y la posibilidad de disfrutar, pero para lograrlo necesitamos disciplina, un poco de preparación y una visión clara del futuro.

Dejemos de ignorar al “elefante en la habitación” y tomemos cartas en el asunto. Hagamos conciencia y no posterguemos el inicio de una estrategia para el futuro. Al final, más vale llegar a los 65 con algo de dinero que llegar sin nada.

 

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