Los seguros nunca pagan.
Un buen amigo tenía su seguro médico… y no le pagaron.
Tenía molestias en el estómago y, después de varios estudios, resultó ser un padecimiento gastrointestinal.
¿Solución?
Una cirugía un poco costosa.
Pero como tenía seguro médico, él se sentía tranquilo.
Después de ir y venir entre papeleo…
no procede el seguro.
Enojado y lleno de rabia, tuvo que vender su auto para pagar por su bienestar.
¿Qué falló?
Años antes había tenido síntomas similares que no se agravaron y siguió con su vida.
Tiempo después contrató su seguro y decidió omitir ese pequeño detalle.
En el mundo asegurador, eso se considera preexistencia y, por contrato, no tiene cobertura.
Al omitir información importante —ya sea por desconocimiento o por decisión— tomó un riesgo… y no salió bien.
Los seguros pagan, siempre y cuando uno sea honesto al momento de contratar.
Es un contrato de buena fe.
Y esto aplica para todos los seguros: salud, vida, auto, casa, negocio, etc.
Si omites información relevante, el seguro puede no pagarte cuando más lo necesites.
Así que recuerda, antes de contratar asegúrate de decir siempre la verdad.
