Se vienen las fiestas y, con ellas, gastos fuertes.
No podemos ir a la cena de Navidad con las garritas de siempre, ¿verdad? Estrenamos algo ese día.
Ni modo de llegar con las manos vacías; que se vea que nos va bien y llevemos regalos para todos, aunque sea un detalle pequeño.
Entre cenas familiares, con los amigos y del trabajo, nos llevaremos una buena lana invertida en outfits y regalitos.
Y ni hablar si se les ocurre meternos a un intercambio en la oficina, otra lanita más.
Si bien en estas fechas a muchos les llegan aguinaldos y cajas de ahorro —o sea, traen con qué— también muchos, pasando estas fechas, se quedan sin absolutamente nada.
El dinero les quema las manos y, así sin más, se les acaba.
Tu que recibes un dinerito extra, esta puede ser una excelente oportunidad para empezar a crear un fondo de emergencia.
Piénsalo así: si el día de hoy tuvieras que enfrentar una situación y tuvieras que desembolsar una cantidad considerable de dinero, ¿podrías hacerlo sin problemas?
O, si perdieras tu empleo, ¿tendrías cómo aguantar en lo que consigues empleo nuevo?
El fondo de emergencia no solo es un ahorro; como tal, es un fondo destinado a cubrir esas emergencias financieras que se nos presentan en la vida.
Lo recomendable es tener al menos seis meses de tus gastos en tu fondo, si se puede más que mejor.
Recuerda, todo dinero debe estar en movimiento, incluyendo nuestro fondo de emergencias. Pero debe estar líquido o disponible por si llegamos a ocuparlo.
CETES puede ser una buena opción: mínimo no le perderás contra la inflación.
Ahora bien, si decides reventarte tu aguinaldo, caja de ahorro, etc., o eres de los que no recibe ninguna de estas prestaciones pero quieres empezar tu fondo de emergencia, te puedo platicar de una opción en la que puedes ahorrar desde $1,500 al mes e invertirlos en instrumentos financieros que multipliquen su valor exponencialmente.
Iniciar el camino es fácil, solo es cuestión de voluntad.
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